domingo, 5 de marzo de 2017

Niñez

Recuerdo
Cuando emergias de tu hemisferio
Y tus manos me quemaban la cara:
La señora riéndose sola
No pudimos haber sido
Más insignificantes
Tú y yo, cielo mío
Delirando juntos las estaciones de mañana
El invierno y sopaipillas con chancaca
La estufa solemne y sus fierros estoicos
Ventanas vaporosas y cocadas hechas
Con las manos sucias
Ambos éramos felices, eran los instantes
En los que nuestra simbiosis ya no parecía absurda
Existíamos, y yo te miraba hacia arriba.
Mi madre solía pensar
Que era a dios a quien buscaba
Ella desbordaba su pecho al cristo sufriente
Y me felicitaba, por haberla hecho creer
Un poco más
Que el otro día.
La verdad
Es que no la culpo
Tu sempiterna sonrisa y tu caricia del mundo en revuelo
Tu mano helada y presente: vivíamos tu invierno.

martes, 7 de febrero de 2017

V.

Floto, suspendido en una grieta danzante.
Que oscila: de acá para allá de acá para allá.
Para ya, por favor.
Un dolor: punzante, vago, (...), ...

Tengo ganas de vomitar.
A la humanidad entera y a sus rostros.
De humo sufriente, ardiente, ardoroso, sufriente.
Y a sus tristezas reflejadas en el mío.

Me he sumergido en los espejos del mundo.
Con el entusiasmo de Sísifo.
Cargando su piedra.

Perdonar es tan fácil cuando se entiende.
Que todo se quema, que todo duele, siempre duele.

jueves, 2 de febrero de 2017

III.

Vuelvo a este lugar
donde la palabra reposa
y el pensamiento subyace

como una hoja de eucalipto
pinta la tierra
y le corresponde al viento
conservar
Su aroma