miércoles, 25 de octubre de 2023

Te olvido y no quiero

 La tristeza inusitada

De saber que olvidó tus gestos


No puedo recordar tus frases

Las cosas que decías con esa voz que solías usar

Solo queda este dejo de ternura

Y mi nostalgia sin contornos

De aquellas cosas que amaba y que ya no podré nombrar.

martes, 9 de noviembre de 2021

Sin fecha

 Arrojo con ira esta piedra a la luna.

Al vacío constelado de mi anhelo ardiente.

Pero la piedra choca, impacta el cielo raso, cristalino, indestructible, intangible, inclemente.

Cae, de vuelta en picada, a furia desmesurada de su distancia; acelera, cual revuelo de tormentas.

Hacia el lago ultrajado de mis paradojas, esta culpa inmerecida y ajena.

Y entonces todo, todo es llovizna.

Bruma leve y espesa de mis crueles azares.

Se ha roto, nuevamente, la armonía de este piélago distante.

La inconmensurable residencia de mis eternas abstracciones.

Mi pecho, lívido de melancolía, ha sido pintado de nostalgia.

Y es entonces cuando se nos cae el tiempo, volvemos al insomnio, eterno y maldito.

Mi paso, mórbido y aletargado, presagia esta muerte en vida.

Es esta la condena de Sísifo, fuimso sentencias a cargar el peso del cariño extraviado.

Para arrojarlo, otra vez, como siempre y siempre.

Con furia hacia alguna tierra lejana, el vacío constelado del anhelo del anhelo ardiente, delirante y doliente.

Y entonces vuelvo, nuevamente, a romper la armonía enfermiza de este omnímodo absurdo.

domingo, 9 de mayo de 2021

Soneto

 Tránsito, vuelta al tiempo vedado.

Desborda tus horas, que arda vuestra
canción de antaño, su voz siniestra.
Hállate pronta, nada está dado.

Siglo, para ella os he dejado.
Recuérdale, y con mis años demuestra
gratitud sincera, memoria nuestra.
Cantemos alto, si no ha soñado:

"¡Danza libre y delira, jocunda!
¡Profunda, inmensa, revienta florida!
Tu cariño diáfano, de ello inunda

mi tiempo, que al recordar olvida
Vida nuestra, cual misterio abunda
Vive por ambos y siempre, querida".

Confines

 confines aparentes

el galope suelto, al borde, salto al encuentro
las manos del cielo ¡alzadlas bien alto!
es la luna atravesarme
la catedral y el cielo violáceo
arriba desde arriba
y me pregunto, aún frente a todo
¿cuándo seré feliz de nuevo?
la pregunta se plantea a sí misma (como multiplicar una matriz por sí misma)
¿he sido feliz alguna vez acaso?
No, jamás lo he sido, confiesa el espíritu
¿Es la eudamonía un ideal viable?
¿Es mi deseo ingenuo?
No lo sé
Pero sé que no entiendo
Si dejara de desear, entonces no desearía nada
Y entonces, si dejara de desear, ¡entonces no desearía nada!
La libertad y la cárcel perpétua
¿Es esta la condición inexorable del hombre?
No, esta es la dualidad en paradoja, inescindible de la vida.
¡Derrumba esta torre! ¡Hazla añicos!
Desafía cada elemento, cada corpúsculo de vitalidad que me constituye
Cada fibra, ténsala, sométela hasta el punto de romperse
Quiero deshilar cada tajo, cada punto decantado sobre la herida
Sumergirme en la cálida sangre de mi sufrir
Cada pisada, el salpicar del infante jugando en un charco de sangre.
Desde ella emergerá un ave blanca, prístina como ninguna, translúcida por sí misma, mirará al sol elevando de mi destino a un nuevo paisaje. Desde donde noé avistó la nueva tierra.
Los montes se erigen en medio de este piélago inmenso.
Y es así como sucumbe cada instante
Como mi vida merece ser vivida
En despedida eterna, a la deriva
Al encuentro nuevo, de mis confines aparentes
El galope suelto, ¡salto al encuentro!

Nueva

Mi vendaval en los cristales

del aire del anhelo, del alma nueva.

Desborda, encalla y destroza

¡Revienta la estrella! ¡danza, delira y subleva!

Estoy por hundirme en los ecos de allá afuera

En las voces urgentes de serendipia.

En el llanto, tanto, bello que me lleva.

A la comunión vuela, por ella... por ella...

Pero ella no es ninguna, y por ello ni pregunto.

¿Serás tu, Dios, acaso?

La luz del camino a la estrella.

Cuenta secretos, cuya voz, aquella

Me atraviesa entero, como en pie de guerra

A la escaramuza salto, el verso en lanza

Que a la sombra hiera

Es mi voz que en tropel avanza.

Galopante y furiosa que danza ¡qué danza!

Honra al tránsito del alma, el anhelo que me desvela

Devela mi canto, el que por ella vuela.

Vendaval que volante revuela,

El aire, del anhelo, del alma nueva.

Agnosia

Espasmos de gritos estallan.

Trastocan en tumultos sutiles.

Susurran los rincones.

La maquinaria encuadra, destaja y proscribe.

¿Me he quedado sordo?

Por favor sueño, dime.

Dime el tiempo mío.

Promesa

 La promesa de la luna me atraviesa rampante.

El cosmos a ella la toma, escrita en sus palabras se encuentra la voz de mi destino.

Eros me ha bendecido ¡Qué oscuridad habría sin el alarido urgente de mi anhelo!

El alma evoca y se desborda a sí misma.

El alma sueña y se desboca a lo incierto.

Atravieso esta selva oscura, porque me he perdido.

Pero ella, cual Beatriz de Dante, marca mi tránsito a la búsqueda inmensa.

Debo sentirlo todo:

Hay algo adentro que me trastoca y excede.

Existe un sentido a la espera, y el timón es de otro.

Tránsito de este piélago a la espera.

Encallará la nave cuando Logos destroce.

Lo que debe ceder, morir y nacer.