Eres la sombra de mi soledad cautiva
Perdida, mi nave errante
Hundida en este piélago desolado
Fosa que encierra a mi pensamiento delirante y sufriente
Es esta obsesión de asimilar tu lenguaje
Las voces de mi tiempo buscando el grito propio
Todo pensamiento decanta y fallece
Perenne descubrimiento tardío, fatal destino del hombre
Es este mi sociego vano
Mi paz carente de dicha
Ya no quiero nada
Solo soy
Trazos a los que alguien otorgará sentido:
Es la vaga esperanza que nos mantiene despiertos
Después de todo
El verso no tiene la culpa de haber sido escrito
miércoles, 28 de diciembre de 2016
jueves, 15 de diciembre de 2016
II.
¿Acaso no vez mi frente deshojarse?
Arrebato, destejo mi rostro, deshilo cada uno de ellos.
Esta es mi sinceridad repugnante: ya no tengo nada
Más que zorzales negros cruzando
Erráticos, vertiginosos, esporádicos: revuelo de sombras que maldigo y no entiendo
Pero esto soy, y te amo
Te amo tanto.
Y perdóname, por no sembrar la tierra
Y encontrar en ella un sentido
Tantos soles y sólo contamos uno
Jamás podré darte nada
Pero de estas aves todas te ofrecería
Aunque sólo sea por un segundo
Mataría por ello, moriría por ello.
David me dijo que estaba bueno.
Rehúyo este velo del abismo
Grandilocuente, callo mi silencio
Esta mudez de ceniza opaca
La cubro de palabras absurdas.
Escribo con manos en los grilletes
Pues hoy ya nada nos ampara
Hijos de nadie, bastardos, nosotros
Los extranjeros errantes del mundo.
Nietos de nuestros destronados dioses
A la deriva del éter, alienados
Ya nadie nos sostiene la cordura
Ya nadie nos vela este abismo.
Entonces busco, entonces, encontrarte
Palabra mía, poema absurdo
¡ Oyeme! Te digo : amárrame fuerte
Con fuerza a mi despiadada condena:
Que las palabras tracen el bosquejo
Surco del sueño mío y el nuestro
Que sea mi cárcel la que me libre
Lejos de este tiempo putrefacto.
Y que sean nuestros hijos
Quienes nos lloren, ebrios de nostalgia
Vástagos de humanidad sufriente
Quienes encontrarán, en nosotros, lo inverosímil.
Grandilocuente, callo mi silencio
Esta mudez de ceniza opaca
La cubro de palabras absurdas.
Escribo con manos en los grilletes
Pues hoy ya nada nos ampara
Hijos de nadie, bastardos, nosotros
Los extranjeros errantes del mundo.
Nietos de nuestros destronados dioses
A la deriva del éter, alienados
Ya nadie nos sostiene la cordura
Ya nadie nos vela este abismo.
Entonces busco, entonces, encontrarte
Palabra mía, poema absurdo
¡ Oyeme! Te digo : amárrame fuerte
Con fuerza a mi despiadada condena:
Que las palabras tracen el bosquejo
Surco del sueño mío y el nuestro
Que sea mi cárcel la que me libre
Lejos de este tiempo putrefacto.
Y que sean nuestros hijos
Quienes nos lloren, ebrios de nostalgia
Vástagos de humanidad sufriente
Quienes encontrarán, en nosotros, lo inverosímil.
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