viernes, 10 de abril de 2020

Me pierdo, me pierdo y me pierdo. ¡Qué maravilla es perderse! Mis espirales me recuerdan que aún vivo. Vivo para perderme. Estudiarme. ¡Conócete a ti mismo!


De mis palabras sin ruego surgen
Llantos mudos, son sus espinas
Sus silencios, sus estallidos sordos.
La caída profunda, mi derrumbe callado.

Mi vida es un teatro con el telón siempre abajo.
Mímesis escondida de cada yo propio;
Y quién sabe qué queda para el resto.
A los yoes ajenos ya no los pinto. Ya no los llamo.
Nadie lo sabe, pero hoy me reclamo a mí mismo.

Desde la condena de jamás conocer
Quién seré hoy o mañana
Que hiervan los confines del espíritu
Que ardan las voces de mi tiempo
Quita tus sandalias, que ahora pisas tierra santa
A los yoes ajenos ya no los pinto. Ya no los llamo.
Nadie lo sabe, pero hoy me reclamo a mí mismo.

Entonces, me desvivo, cada día, un poco, más
Para perderme y seguir perdiéndome
Para encontrarme y perderme de nuevo, y seguir perdiéndome.
Y perderme, y perderme. Llantos mudos, son sus espinas.
Sus estallidos sordos.
La caída profunda.
Mi derrumbe callado.

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