martes, 2 de junio de 2020

Pequeñez


Si debiera decir algo ¿qué sería? Nada. No he vivido lo suficiente como para llegar a decir algo. Aún, en muchos aspectos, sigo siendo un cabro chico que se pregunta por qué las nubes tienen tal o cual forma. Pero hasta un cabro chico podría contar una historia.

Aunque ya no me asombro, me siento eternamente a la espera de algo, como si la potencialidad me definiera por completo. Es mera expectativa, pueril deseo. La vaga negación de resignarse a continuar siendo uno mismo. No tengo idea qué es esto, ni para qué lo escribo, ni lo que estoy diciendo.  Entonces, ¿por qué tomarse la molestia? Solo le pido al cielo, a mi genio, a lo que sea, que se me permita decir algo.

A veces negocio con el aire. Le ruego que me desborde, que me diga algo, mientras lloro con el vaso en la mano, la libreta abierta, completamente borracho. Casi nunca sale nada, y lo que sale no lo entiendo, y lo que entiendo lo desprecio de inmediato. La sinceridad no basta por sí misma. Entonces ¿qué falta?

Al menos me consuelo en la idea de que habito la misma tierra que todos ellos: los hombres y mujeres inmensos. Pertenezco a su misma especie y comparto su mismo presente.

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